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Y Ahora, Un Pasaje… II

13 May 2009

Se fue sin despedirse, sin nada que agradecer, pensando que lo único que necesitaba con urgencia era encontrar a alguien a quien romperle la madre a cadenazos para desquitarse de su desgracia. Cuando salió del hospital, ni siquiera se dio cuenta de que estaba cayendo del cielo nieve sin rastros de sangre, cuyos copos tiernos y nítidos parecían plumitas de palomas, y que en las calles de París había un aire de fiesta, porque era la primera nevada grande en 10 años.

Sin duda, quizá el único cuento de GGM que me ha conmocionado a incluso, pensar días después cómo se sentiría esta tragedia en carne propia. Escrita en el ’76, publicada en el ’92, del libro Extraños Peregrinos.

La posible enfermedad de Nena Daconte, aquí

Unas piernotas, aquí (las de la derecha, por supuesto) :D.

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